TIME HEALS NOTHING
10 DE MARZO, 2026
EXISTENCIA CON PESO RESIDUAL.. En una época dominada por el grunge, el metal tendió a la extinción, relegándose a lo más recóndito. En tiempos difíciles, la fuerza es el camino. Así es como se nada contra la corriente tendenciosa que acaba con el espíritu; así es como nacen las obras memorables, aquellas que, a pesar del tiempo, seguirán sonando en las almas poseídas por el metal. El tiempo no cura nada.
Producido por Phil Anselmo en el año 1995, “Time Heals Nothing” es el tercer álbum de la banda oriunda de Nueva Orleans, Crowbar. Navegando en un subgénero no tan popular como el sludge, la agrupación liderada por Kirk Windstein explora sentimientos particulares de forma honesta y brutal, como muy pocos lo logran: la persistencia ante el dolor.
A través de diez pistas y poco más de treinta y ocho minutos, Crowbar nos obliga a caminar por el fango. Aquí, la banda no busca la velocidad; con maestría, nos entierran en el sedimento. “The Only Factor” rompe con esos riffs de guitarra tan distintivos, una marca por excelencia, aumentando el tempo al principio para luego comenzar el descenso. “No More Can We Crawl” llega rompiendo cuellos. La homónima, “Time Heals Nothing”, presenta una introducción de bajo y batería que se siente en el pecho, para luego ser rota por la guitarra y la voz con efecto espectral de Windstein; esto es pesadez como ninguna otra.
“Leave it Behind” es rasgado y rítmico. “Through a Wall Of Tears” se percibe un tanto tribal por la predominancia de la batería: una tribu cuya única razón de existir es el dolor. “Lack of Tolerance” avanza con un ritmo más veloz y una lírica menos compleja, mientras que “Still I Reach” sube la apuesta en el caos final con un headbanging obligado. El momento más existencial llega con “Embracing Emptiness”, la mejor pieza del álbum (con ocho millones de reproducciones en Spotify). Es la banda sonora para la noche oscura en soledad: “¡Contemplad el abismo y renaced!”. “A Perpetual Need” se siente débil en este punto por causa de la anterior, pero finalmente, “Numb Sensitive” nos regala una pesadez inmediata; un final a la altura de toda la introspección, un escape necesario a la realidad.
Este álbum cuenta con una reedición realizada en el año 2000, que incluye una nueva portada a cargo de Rich DiSilvio. Además de Windstein en la guitarra y vocales, la grabación contó con la participación de Matt Thomas en la guitarra, Todd Strange en el bajo y Craig Nunenmacher en la batería. A la fecha, Crowbar se ha consolidado como una institución y referente de lo denso y existencial. Sin duda, una de las bandas más pesadas de la historia.